La muerte nunca termina de doler. Es verdad que el tiempo hace que las cosas parezcan menos duras, pero en el fondo del corazón, la muerte nunca termina de doler.

La muerte no es sólo la física, aunque esa también cuenta, la muerte son las ausencias, las despedidas, los capítulos que quedaron inconclusos en nuestra vida, los anhelos, las añoranzas.

Dicen que el ciclo de lo que existe es vida-muerte-vida, así sucesivamente, pero hay lágrimas que son inevitables, hay preguntas que permanecen por mucho tiempo, hay silencios que habitan y palabras que al final no dicen nada, porque aunque las palabras son un recurso, casi siempre frente al dolor, el verdadero, no existen porque igual ¿qué podrían decir?, uno está sufriendo demasiado y no sabe cómo emplearlas. ¿Es un acto de respeto? Seguramente que sí.

Hace algún tiempo escribí algo, me descaré con la muerte, fue como tenerla cerca e insultarla, porque es jodida, complicada, absurda, perra....definitiva, sobre todo por eso, porque es definitiva. Tenerla cerca asustó, pero también produjo en mi un grito que aún escucho cuando me acuerdo que ella a veces me acompaña, o que me acompañó durante mucho tiempo.

Y trato de ser fuerte, pero me tumba. Y trato de entender, pero no entiendo. Camino y no avanzo, sin piernas no puedo. Intento abrazar pero no tengo manos. Quiero dar un beso pero hace mucho mi boca no se encuentra conmigo.

Sé que al final todo terminará siendo una ilusión, mañana veré el camino con mayor claridad y agredeceré por eso, esperando que el ciclo vida-muerte-vida sea eterno y se cumpla. Por ahora me iré a dormir, esperaré a que salga el sol para poder tocarlo.

Seguro que a ti también intentaré tocarte.