El día de tu muerte estuve frente a ti, viendo en tu rostro un pasado que seguía vivo en mi mimoria. A mi mente llegaba lo que ya habíamos dejado, la vida. Tu ataúd tenía la bandera de tu patria, yo observaba mientras te enterraban, tu rostro cambiaba de forma, veía al hombre que era ternura frente a lo femenino, al ser humano que reía y lloraba, a aquel apasionado que entregó todo por la causa, su causa.

Te aferraste a la vida, eso me lo enseñaste vos, y con eso crecimos haciéndonos complices y amigos. Recuerdo nuestra camadarería, nuestros juegos infantiles siempre eternos y cuando te colabas sin previo avíso en mis cuentos. Cuando niña tus manos para mi eran la salvación a tantas pesadillas, recuerdo la seguridad que le imprimías a mi vida cuando me abrazabas, porque aunque núnca te lo dije, no fueron ni tus palabras ni tu experiencia lo que más me hizo amarte, sino tu cercanía, tus caricias que no eran un abismo inmenso y que yo pretendía devolverlas con besos. Luego dejamos de estar tan de a acuerdo, pero nuestras discusiones y diferencias siempre termianban con un te amo.

Tus palabras se clavaron en mi mente, para aceptarlas o criticarlas, tus miradas me daban tranquilidad, siempre supe que detras de tu seriedad estaba tu niño, y me dejaste claro que yo tenía acceso a él, por eso nos reíamos tanto, por eso nadie comprendía nuestra relación, todos interpelaban por el respeto, pero yo sé que a ti tanto orden te tenía abrumado.

Antes de irte te ví débil, pero parece que esa debilidad ha sido mi fortaleza durante estos años, ya no soy la niña que dejaste, ahora soy la mujer que entabla contigo esos dialogos que aún te cuestionan. Las palabras son mas importantes que antes, hemos ganado en cercanía y tu muerte me ha permitido comprender que la felicidad no es mas que la lucha que planteamos constantemente entre el dolor y la alegría.

Ambos fuímos tercos y creíamos en el ímpetu de cada persona, ahora me parezco en algo a ti, sé que si me viéras estarías orgulloso, no por lo parecida que sea o no, sino precisamente por aquello que sabes que no es tuyo y que sólo me pertenece a mi. Ahora eres un espectador, de pronto a veces intervienes acomodando cosas, pero sé que no necesitas hacerlo de a mucho porque confías en mi, sé que me observas y que te gusta verme, te gusta ver el rumbo que he tomado.

Hace un tiempo tu muerte dejó de ser un fantasma, desde ese entonces decidí continuar con mi vida sin permtir que ella decidiéra por mi. Aún me río bastante, me gusta la vida que tengo y de ves en cuando te pienso, ya no lloro como antes, ahora la vida sonríe. Cuando no estubiste mas, te hiciste visible, tu ausencia me permitió verte y la vida me hizo conciente de eso, y aunque me ha costado trabajo entenderlo, ahora sé que ambos compartimos el mismo silencio y duermo en paz.