Sé que luego de estar con él la invadió una trizteza que no podía entender ni descifrar, era una sensación de vacío que hace mucho no sentía. No se si luego de haberlo visto su conciencia lo había matado y con él todo lo que hubo entre ambos, no se si se sintió aislada, sin capacidad de poderse comunicar con el hombre a quien antes tanto había amado, no se si fue la idea de haber cambiado sin darse cuenta lo que percibió, o si fue el rechazo de un presente tranquilo que aniquila sentimientos que antes definían su ser.
Al tocar momentos del pasado creo que sintió que lo de antes no era tan definitivo como pensó, seguramente tuvo la idea de haber luchado sóla cuando creía que eran varios los involucrados, como cuando uno se da cuenta que no tiene interlocutor, de repente el reflector ilumina al artista en el escenario, éste se ha aprendido muy bien el parlamento, y cuando lo va a actuar, esta solo, interpretando un monólogo sin público.

Sí, el trofeo le fue otorgado, es posible que se haya sentido cansada y mentalmente hastiada de tantas ideas, pero la sensación de no saber qué vendrá, una vez se han asumido las cosas, hizo que sintiéra que todo el tiempo estubo luchando con un imaginario en su cabeza y eso la aturdió, aunque supiéra que esa es la naturaleza de todo imaginario.
Yo lo planteo como la analogía con el desierto, se apartó de todo para vérselas con ella misma, reconociendo que había cosas de si que sencillamente no soportaba, que éxistían reclamos que aún no habían sido escuchados y que había tanta vida allí adentro como núnca imaginó.
El desierto, la soledad y la amplitud al mismo tiempo, ella estubo en él, se sintió desprotegida en medio de tanta grandeza, tuvo sed y no fue capaz de saber hacia donde dirigirse para saciarla. Habló necesariamente con Dios cuando la pregunta por la muerte la cuestionó tanto, o para lo que sea, tuvo que buscarlo, aunque luego se enteró que Dios tan sólo fue un diálogo, un diálogo que le permitió encontrarse consigo misma en medio de la deznudes que eso implicaba, y que Dios fue un pretexto para que dejara de sentir verguenza y fuera capaz de abrazarse hasta que percibiéra la sombra que la iba a sacar de la muerte.

El desierto fue también su propia oscuridad, la perdida de todo sentido, de toda esperanza, el grito desgarrador que sale de adentro en momentos donde tan sólo se espera un milagro. Estubo rota por dentro y no logró unir sus mitades, tocó lo que más le duele y no supo que hacer con eso. El desierto fue la angustia de no tener norte, de no saber que hacer cuando la casa estaba hecha trizas, lo que antes era la vida ahora no era nada, no contaba con mas planes.
Fue a la vez su humanidad tangible, su debilidad que no conoció el futuro, el futuro que no tuvo sentido, el vacio de saber que se caía porque la habían tumbado con un nock out. El lenguaje támpoco le sirvió, su dolor no conocía el lenguaje, lo que eran códigos legibles no significaban ya algo , el lenguaje estaba cambiando y ella en medio de él, nombró lo que antes no tenía palabra, dijo cosas que jamás se imaginó y expresó aquello que ni siquiéra existía.
Quizás logró entender que no es que el escenario estubiéra vacío sino que fue ella su propia espectadora, con ella fue el encuentro, con sus propias imposibilidades y con sus mil mecanismos internos con quien se libró la batalla. Sólo ella enfrentó su propio dolor y seguro comprendió que ésto no fue mas que un soplo.
Y el soplo concedió el milagro.

Sin palabras.
Es que hay dias en el que el soplo sopla más fuerte que de costumbre.