Lo que núnca antes te había dicho.
Llegaste cuando no quise ser mas inaccesible, me pregunté a cerca de cómo podría tocarte el alma, para acercarme y sentirte, decidí estar contigo. Inventé historias en mi cabeza que jamás llegaron a ser verdad, pensé en salvarte, para mostrarte un mundo distinto al cual puediéras tener acceso, para que dejaras tu pasado si eso era lo que querías y entendiéras que la vida da oportunidades donde menos pensamos hallarlas. Esperando que te encontraras, para que sanaras tantos remordimientos, culpas y abandonos, para que tubiéras un poco del cielo que yo ya tuve.
Pero no, tú quisiste quedarte solo, hiciste el intento pero te faltó el impulso definitivo, tenías mucho miedo, no supiste cómo moverte fuera de tu ambiente, no soportaste las críticas, no sabías cómo tomar la decisión. Optaste por la seguridad que otarga lo ya conocido. Fue entonces cuando decidiste contarme la verdad a cerca de tu vida, tuve que elegir y opté por una vida distinta a la que me ofrecías en ese momento.

Las personas se van sin despedirse, pero tú no querías sin embargo irte, y te lo pedí mil veces, te dí explicaciones, razones y ni siquiera mis gritos los escuchaste, acostumbrado a conseguir siempre lo que querías, sin importar los métodos, ni las vidas de aquellos que estaban contigo, haciendo de tus caprichos esperanzas, pensando que los otros tenían que responder simplemente porque eras tu quien preguntaba, y no sabías al final con que excusa buscarme, y me dejabas siempre con la sensación de no saber como carajos expresarte mi rabia y la impotencia que sentía, no sólo por tu alejamiento, sino tambien por tus opciones, por tus llamadas, porque me querías cercana aun sabiendo que esto hace tiempo estaba roto. Y no me mirabas a los ojos, nunca tubiste las agallas de mirarme fijamente a los ojos.
Un día entendí que mi papel contigo no era salverte la vida, por eso te la dejé toda entera, por eso te dije que no confundiéras mis fortalezas con mis debilidades. Entonces quizé saber en que momento me había perdido tanto a mi misma, porque cuando te fuíste aquí tampoco estaba yo y me tocó buscarme de nuevo, anudando todas equellas experiencias que en los últimos años habían rodeado mi vida, hablando con los muertos, con los de ahora y con los de antes, dejando salir lágrimas que me estaban oxidando por dentro, reconociéndo mis sentimientos.
La impotencia de no lograr lo que se busca, la lucha con la soledad que tanto duele, el deseo de sentir que núnca habías estado en mi vida, y la insoportable idea de no saber cómo hace uno para pararse de nuevo después de que todo anda en ruinas. Estaba cansada de hablarte, de nombrate, cansada de escuchar tu llanto, tus quejas y reclamos por la vida que no tuviste, por la fuerza que no utilizaste, cansada de buscar en ti a alguien que jamás estubo, y de la idea de saberte a mi lado a pesar que querer irme.
Mientras tanto tú seguías admirando mi fortaleza, como un roble, seguías pansando que era indestructible, que sólo tú eras quien tenía que ser comprendido, y seguías llamando, golpeando, hablando, mintiendo, finjiendo que todo seguía igual que antes, elogiando mi manera de ser, volviéndote insoportable haste el hastío, como un niño, reconociendo todo lo que pasamos juntos como un cuento, con la zagacidad que te dió el haber vivido siempre sin límites. Y es que ese ha sido tu mayor problema, los límites, jamás has sabido que en la vida existen barreras que no se pueden cruzar y creo que tú las has cruzado todas.
