Relaciones.
Hay situaciones concretas que despiertan ciertas emociones, las mejores son las inesperadas. Conocer a alguien desde hace tiempo, dar cierta imagen y alejarse porque sencillamente no se puede estar cerca. Un día, volver a ver a la persona y quizás dejar caer esa primer imagen para lograr un acercamiento, es como volver a empezar.
Antes esa persona no sólo se sentía lejana e inaccesible, sino que totalmente desconocida, y vaya sorpresa, uno también daba la misma impresión.
Curióso, jamás se compartió una conversación, ni se discutió nada, con esa persona era mejor no entrar a hablar. Uno conoce sus propios límites, uno sabe quien lo puede o no desnudar, uno muchas veces no soporta el hecho de saber que alguién así puede estar cerca, y se aleja sin saberlo, todos los códigos hablan acerca de eso, la comunicación no verbal lo dice todo.

Pero luego, cuando el miedo no es un motor, uno se da la oportunidad de acercarse. O la vida simplemente nos acerca, y descubres entonces que esa otra persona no era un alter ego para ti, bueno, no uno destructor, sino que mas bien era parecido y precisamente por eso tan temido. Has entrado en su humanidad, has logrado sentirla como muchas otras veces te has sentido. Tú sabes por sus palabras que ella también ha percibido un cambio, la ruleta gira en una nueva dirección.
Ahora es como empezar de nuevo, las durezas antes percibidas ya no existen, las emociones sencillamente surgen y la alegría también. La sencilla y simple felicidad de haber encontrado en alguien algo que jamás esperaste hallar. Todos guardamos una parte interna que no siempre concuerda con lo que dejamos ver a los otros, por eso creo que el mundo sonríe cada vez que dos personas logran reconocerse entre si, a veces un simple saludo basta, se crea un campo donde no existen los artificios de la imagen que tratamos de contruir en público, donde las prevenciones se agotan y las armas se deponen.
La cosa es simple, por eso gusta tanto, porque no pesa, porque no importa si pesa, porque es darse la mano, es invitar a alguien para que comparta contigo sin importar que pueda pasar luego. Es decirle con la mirada que te encanta, que no la quieres fuerte, que te gusta abrazarla y sentirla, igual no importa si llora o si no lo hace, lo que importa es que esta cerca, lo que mas gusta, es que esa persona sin saberlo fijo también su mirada en ti.

andres dijo
No hay nada mejor que reconocer cosas nuevas en las personas, siempre hay que apostar. Buen artículo
2 Septiembre 2005 | 09:35 PM