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BlackCat

Ten cuidado con lo que sueñas porque los sueños se cumplen....

16 Agosto 2005

Cuando uno cuenta una historia sin sentido.

Abrí los ojos, de nuevo ví el cuadro. Me acordé de la manera tan extraña cómo llegó a mis manos.

Salí de afán de la casa, sonó el celular, era él, no quise contestar, no sabía que decirle. No contesté, apague el móvil, llegue al metro, lo abordé y me acordé de nuevo del cuadro y de la manera tan extraña cómo llegó a mis manos.

Entré a clase de historia, la misma gente, el mismo tema y el mismo profesor, no pusé atención, escribí algo tan absurdo como lo que ahora escribo y me acordé del cuadro y de la manera tan extraña cómo llegó a mis manos.

Tuve hambre, salí a comer algo, a tomar tinto y a fumar, me tropezé con un extraño, hize como si no lo hubiéra visto, él sin embargo me saludó haciendo caso omiso de mi actitud, se me acercó y me preguntó por el cuadro, su pregunta me previno y recordé la manera tan extraña cómo éste, el cuadro, llegó a mis manos.

No entendí porque el extraño sabía algo sobre el cuadro. Empezé a sacar conclusiones. Seguramente él me lo había enviado, pero igual no tenía porque saber mi dirección y ni siquiéra mi nombre.

El extraño me contó que hace mucho me había conocido, que mentalmente había dibujado mi retrato y que se prometió a si mismo que cuando lo terminara ya en el lienzo, se encargaría de que yo lo recibiéra.

Esto me asustó un poco, no era normal, y por la historia el tipo no dejaba de parecerme un poco maniático. Sin embargo, no estaba prevenida, ni con ganas de salir corriendo. Esa era la mejor señal de todas, no se encendiéron las alarmas.

Me invitó a un café al que acepté, la clase al fin de cuentas estaba aburrida y me interesaba más el extraño que la historia.

Nos sentamos, me contó que le había pagado a un niño que vivía cerca para que me entragara el cuadro. Me explicó que el niño no era por supuesto ningún familiar, era también un extraño y que le hizó el favor por poca plata.

Al darse cuenta que el cuadro había entrado en mi apartamento, supo que yo no sólo lo había recibido, sino que seguramente me estaría preguntando por el personaje que lo había enviado y con toda seguridad, por la manera tan extraña cómo llegó a mis manos.

Me gustó el intento que hizó, el cuadro a decir verdad no era nada extraordinario, pero él ya estaba enganchado en mi vida. Esa noche fuímos a mi casa, supé que el extraño se llamaba Pablo.

El también preguntó por mi nombre.

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