Encuentro
Hace algún tiempo nos volvimos a ver. Como siempre, él y yo no previmos lo que iba a ocurrir, o si lo previmos, no quisimos darle a eso mucha trascendencia.
Al vernos la alegría se notó entre ambos, una sonrisa inmensa de mí parte en respuesta de la alegría que él emanaba por el encuentro, y desde ahí, la mente se paró, un ambiente de distensión se creó y las palabras se sintieron en libertad de ser, nosotros no tuvimos mas opción que dejarnos delatar por ellas, los años (que son muchos entre nosotros) parecían ser esta vez livianos, dimos rienda suelta a la emoción de vernos de nuevo juntos, en casa y a salvo.
Un café no fue esta vez la excusa, pero los libros sí lo fueron, corroboramos que en el fondo seguíamos siendo un poco los mismos, por lo menos yo me seguía asombrando de sus ideas y el continuaba deleitándose con mis gestos. Parecía como si cada vez la risa fuese mas fuerte, como si a cada instante el permiso de invadirnos se ampliase y yo me sentía cada vez más cercana.
Sin embargo el dolor por la separación y el tiempo no compartido de nuevo surgió. La nostalgia de no hacer parte de los momentos felices de uno y otro fue un poco culpa y dolió. Este encuentro era diferente y así como hubo una inmensa felicidad, también fue grande la incertidumbre. ¿Cómo estará?. ¿Habrá pensado en mi en todo este tiempo?. ¿Todavía me quiere?. ¿Con quién andará ahora?. ¿Seré yo la misma?. ¿Esta vez podremos quedarnos por un tiempo mas largo?.
Verlo de nuevo es siempre volver a reconocerlo, jamás se siente como si ya lo conociese. Quise encontrarlo de nuevo, mirarlo, escucharlo, entenderlo. Sin embargo esta vez la atención principal no era él, sino yo, yo, sola y junto a él.
Un almuerzo compartido, el ritual habitual de informarnos acerca de aquellos amigos en común, de la familia, la universidad, el trabajo, la vida cotidiana que ahí no adquiere tanto sentido, porque es mas bien una forma de romper el hielo y de llegar a donde realmente interesa: ¿Cómo esta tu corazón?.
La felicidad es la primera manifestación de lo que sentimos , pero luego viene lo mas complicado entre ambos, la historia triste, aquello que nos atormenta porque quisiéramos ser siempre felices en nuestros encuentros. Ambos pensamos que ojalá no tuviésemos nada triste que contar, pero igual sabemos que al otro también le interesa esa parte de nosotros que seguramente es lo que mas amamos y detestamos de nosotros mismos.
Yo le habló de cómo me siento respecto a un amor que he tratado de superar, confirmo que he sanado muchas cosas en mi interior y que me siento como recién salida de una operación a corazón abierto, le cuento que estoy en proceso de recuperación, que haber luchado valió la pena y que ahora soy yo mas importante que nadie, me gusta contarle eso porque se que él se alegra conmigo.
Por su parte él me cuenta acerca de un proceso que acaba de iniciar en charla consigo mismo, de sus miedos, y sus ficciones de superhombre, de una mar que se torna tranquilo cuando él se sumerge, de la muerte que no es muerte y no se nombra como tal sino que es vida y angustia, de las veces en que siente que llueve en su corazón y del miedo de pensar que ese estado no pasa y sí se repite con cierta regularidad.
Al escucharlo yo siento un alivio inmenso, sabía que su forma de soñar (literalmente) no era normal y que por fin él había vuelto hacia si mismo.
Ambos nos sentimos de nuevo en el mismo lado, ambos teníamos miedos muy profundos y sin caer en la compasión mal entendida, nos comprendimos y nuestras almas se abrazaron de nuevo a través de las historias que mutuamente nos relatábamos y que al final eran nosotros mismos al desnudo y sin armas.
Pareciese como si ambos fuésemos muy ágiles cuando tenemos cierto control de la situación, cuando podemos ser espontáneos con cierta planeación, pero cuando no hay parlamento, cuando el lenguaje realmente se desborda y no se reprime, cuando en realidad yo me siento en sus brazos y el en los míos, cuando no sabemos que patrón seguir, cuando no sabemos es cuando mas nos asustamos.
Llegan lo miedos, el temor al abandono, a la separación posterior, la posibilidad de la despedida se materializa y de nuevo llegan los reproches, las insatisfacciones, el temor de no saber cual es la fórmula para que el otro se quede a nuestro lado.
Nos volvemos como niños sin respuesta y asustadizos, no queremos hacerle daño al otro y la idea de pensar que eso es inevitable nos asusta.
Finalmente, con la inseguridad de él y la garantía que yo presumía, decidimos intentarlo de nuevo. Una vez mas, él y yo juntos, un chance nuevo y como siempre la alegría de habernos vuelto a reconciliar fue mas grande y primo frente a los temores.
