Colombia para colombianos (y para extranjeros tambien)
Crónica
Somos una diversidad que para nada se encuentra y nosotros como profesionales tenemos que ayudar a tejer.
Era el 15 de octubre de 2003 cuando el grupo de sociología rural de la universidad Nacional de Colombia (sede Bogotá), inició una salida de campo con el fin de recorrer cuatro de las principales zonas de Colombia: la sabana de Bogotá, el Magdalena Medio, la Costa Atlántica y Santander.
Luego de once horas de viaje, cuando las camionetas ya han escapado del frío capitalino y el olor a tierra caliente se filtra por las ventanas, percibimos a Barrancabermeja, una ciudad de la que teníamos imágenes aisladas contadas por los medios, era como si estuviésemos recorriendo un lugar que desde siempre escuchamos, pero que jamás nos atrevimos a visitar.
Barrancabermeja es una ciudad muy grande y caliente en todos los sentidos. Un suelo que huele a húmedo, un entorno que se percibe casi quieto por el calor, un extrañamiento hacia nosotros los “extranjeros”, que llegamos desde el interior con el nombre de la universidad Nacional por todos lados, hace que el entorno tome un matiz especial, donde las huellas de la guerra no desaparecen y el color del miedo sigue latente.
Es en estas circunstancias donde se puede palpar un país que se ha fragmentado en pedacitos o que nunca ha logrado su unidad y Barranca puede ser testigo de esto, como bien nos lo explicó Gloria, una habitante de la comuna 7 de la ciudad: “Barranca esta dividida antes y después del puente. Existen por tanto tres Barrancas: una detrás de la malla de la refinería de Ecopetrol, esa es la ciudad exclusiva, que es la que no ve, ni oye, ni siente.
Otra que es la del puente hacia acá, donde habitan los estratos tres y cuatro que son los que ven pero no oyen ni sienten y una tercera es la del puente para allá, los estratos uno y dos que son lo que ven, oyen y sienten”.

Incrustada en la ciudad de la cotidianidad humana esta la refinería de ECOPETROL (la mas importante del país), es como una ciudad de hierro, monstruo de metal que escupe fuego por sus chimeneas y ennegrece el firmamento, es el corazón de Barranca y de la región, en ella trabajan 3000 personas de quienes depende económicamente toda la zona.
En contraposición a un mundo de la legalidad y la institución, que es la parte donde se encuentra la refinería, encontramos aquel otro que se mueve en lo clandestino, que genera riqueza y entramados sociales asociados al bandalismo y al enriquecimiento rápido y fugaz como el robo de gasolina y el narcotráfico.
Siendo un fenómeno que se evidencia más en lo urbano, Barrancabermeja sufre esta tensión entre un mundo legal de pocas oportunidades y uno ilegal con mayor inestabilidad.
Salimos de la refinería y la oscuridad de la noche cae sobre nosotros, es la hora de cenar y tenemos reservado un comedor especial, se trata de un restaurante que hace parte de una importante organización social del Magdalena Medio, la OFP (Organización Femenina Popular). Las paredes lila del lugar tienen enmarcado el himno de la organización, hay volantes, afiches, folletos y propaganda.
Yolanda -una líder de la organización- nos cuenta brevemente lo que ha sucedido en Barranca desde la época de la guerra entre guerrillas y Estado, por el control de la zona y las regalías del petróleo. Con voz temerosa recuerda sus dolorosas vivencias pues durante la última década el paramilitarismo agudizo el conflicto, trayendo a la región una ola de terror nunca antes vivida.
Durante los noventas los paramilitares toman el control de la zona y se adueñan del botín que deja el robo y contrabando de gasolina; 300 millones de pesos diarios. Su mirada se pierde en los recuerdos de masacres, como la del noventa y ocho, hermanos y padres muertos, donde sólo queda la soledad de las mujeres que es el otro rostro jamás contado de la guerra.
Su mirada y su pensamiento de nuevo se centran en el relato y su rostro toma un matiz de valentía, comprendemos que lo que nos narra puede costarle la vida, pero estas mujeres están llenas de berraquera y por medio de su organización se han enfrentado a los paras y a cualquier grupo que pretenda arrancarles la vida. Ha pasado una hora desde que inicio su charla, el teléfono suena, ella se aleja mientras nos domina una incertidumbre silenciosa.
Yolanda regresa, su rostro de angustia indica que algo grave ha pasado. Lentamente guarda su teléfono celular, y se dirige a varias de sus compañeras, entre tanto, la perplejidad se apodera del lugar y la preocupación se adueña de nosotros.
Pensativamente levanta su mirada y nos dice “ Han cumplido sus amenazas, una de nosotras acaba de ser secuestrada, debemos irnos, pero quedan en manos de la compañera Esperanza”.
Un clima de impotencia se generó entre nosotros, definitivamente no sólo éramos extranjeros, sino que las palabras y los discursos que tanto polemizamos en la universidad, sobre una y otra cuestión del conflicto, aquí se desvanecían, porque frente al sufrimiento las palabras a veces incomodan, y nosotros qué íbamos a decir si no entendíamos nada acerca de ese dolor que no pudimos ni nombrar.
Nuestro asombro se cruza con los ojos rebosantes de fortaleza de estas madres que tan amablemente nos han acogido. La guerra tiene varias caras y en medio de este clima pudimos ver una de ellas, la de la mujer que no pare hijos para la guerra pero que sin embargo, se encuentra en medio de un conflicto que sin entender bien debe soportar.
A la mañana siguiente cuando fuimos a desayunar, nos enteramos que la mujer secuestrada había sido asesinada por varios disparos en la cara a tan solo tres cuadras de su hogar y un minuto después de la llamada que recibió Yolanda. Fuimos invitados al velorio.
Una noche después estábamos en la Costa.

Karenina dijo
Upa, las cosas mejoran eb BlogsColombia. Que bien este blog, lo visitare con mas frecuencia
13 Mayo 2005 | 04:20 PM